Tradición y modernidad, junto a la mejor despensa del Mediterráneo
Nuestra gastronomía es herencia de las culturas romana, hebrea, musulmana y catalana y ha estado históricamente ligada a dos factores: una materia prima de secano muy sabrosa y una elaboración tan artesanal como lenta.
Los principales platos de la cocina mallorquina están arraigados desde siempre en la cultura popular y sus ingredientes han estado, desde antaño, ligados a los productos de temporada. Sin embargo, en los últimos 50 años, nuestra cocina ancestral, producto de economías agrícolas de supervivencia y punto de convergencia de distintas culturales dominantes, ha hecho osmosis con la gran cocina europea, importada para atender las preferencias gastronómicas de cientos de miles de visitantes.
La globalización de las culturas ha contribuido a crear una mayor cultura gastronómica y ha potenciado la aparición de cientos de restaurantes especializados en todo tipo de cocina: desde la sencilla pizzería, el asador de carnes, el restaurante especializado en pescados o productos locales, hasta el exótico restaurante tailandés, griego, chino, o japonés. Es tanta la variedad de restaurantes que puede afirmarse que la oferta de restauración vive en Mallorca uno de los momentos más interesantes de su historia.
Existen muchas razones para que ello haya sucedido.
La primera de ellas ha sido la llegada a la isla de muchos nuevos cocineros procedentes de todas partes del mundo, aportando nuevas ideas, tendencias, tecnología, sabores y texturas, sin perjuicio de una evidente mejora de la gastronomía regional y tradicional. Otro motivo ha sido la formación académica de las sucesivas generaciones de cocineros formados en las siete escuelas de cocina existentes en Mallorca, sintetizando lo que se podría llamar la nueva cocina balear. No se trata de ruptura ni abandono de la cocina clásica, con fuertes raíces tradicionales, ya que ambas ocupan su lugar en idílica convivencia y con inconfundible personalidad y firmeza. Sólo de trata de un proceso renovador que está aportando riqueza y esplendor a un recetario autóctono que pedía a gritos un guiño al vanguardismo bien entendido. Una consecuencia lógica del dinamismo que vive la cocina en el mundo, que también se dio en mayor o menor medida en el pasado y que se repetirá en el futuro.
La combinación de tradición y modernidad, junto a la mejor despensa del Mediterráneo, marcan las pautas de un importantísimo momento evolutivo de la cocina y la restauración mallorquina.
De los productos gastronómicos locales más reseñables destacaremos en capítulos aparte:
- Nuestros vinos
- El aceite
- El licor de Hierbas
- El Palo
- La ensaimada
- La sobrada
- La almendra
- El queso